04.06.2009 11:32:45
Ricardo Aller

Con los años uno va adquiriendo hábitos de los que ya no se puede desprender aunque quiera. Es terminar de comer e inmediatamente me levanto a lavarme los dientes; es subirme al coche y lo primero que hago es ponerme el cinturón. Y en el ámbito del baloncesto, es llegar el mes de junio y ya sé que toca madrugar para levantarse a ver las Finales de la NBA.

A escasas horas de que comience una nueva final de la NBA he tirado de la memoria  para recoger en este artículo las finales que, a través de la TV, hemos podido ver desde casa a horas no siempre adecuadas. Y es que a mí me gusta ver los partidos en directo, porque nunca sabes where the amazing happens.


 

Como dice un conocido periodista de radio, corría el año 1988 cuando por TVE2 decidieron poner la Final entre Los Ángeles Lakers y los Pistons de Detroit en directo, a la tremebunda hora de las tres de la mañana. En aquella época yo cursaba EGB y por esas fechas el curso estaba más que acabado así que con la venia materna mi madre y yo decidimos que cuánto molaría ver las finales en directo, que un partido en diferido no es lo mismo, pues de esa manera no se puede incidir en el resultado. En fin, a veces creo que sobrevaloro mi apoyo a mis equipos.

 

La cosa era sencilla, consistía en acostarse un poco antes que cualquier otro día, poner el despertador a la hora en cuestión, disfrutar de tres horas de espectáculo, en el sentido más extenso de la palabra, y, si luego había tiempo, echarse un ratillo más tarde antes de ir al cole.

 

Como toda buena costumbre, ésta lleva incorporada su tradición, en este caso gastronómica. Ese tipo de partidos hay que verlos con los víveres adecuados por dos razones: porque no hay nada como ver cómo sudan los demás para que te entre hambre y porque a esas horas o como algo o me quedo frito en el sillón con tanto tiempo muerto y tanto show ajeno al juego. El caso es que un bocadillo de algo, unas patatas fritas (eso antes, ahora hay que cuidarse algo más), una coca cola, un poco de chocolate o un helado son elementos imprescindibles que van unidos inexorablemente a un balón naranja y a cuatro noches como mínimo, con posibilidad de hasta 7.

 

Muchos años después de aquel verano sigo haciendo lo mismo y con la misma ilusión con que aquel niño se levantaba a ver a su idolatrado Magic Johnson y a los míticos Lakers de Kareem, Worthy, Scott, Green y demás contra los Bad Boys de Thomas, Dumars, Laimbeer, Mahorn, Salley, Vinnie Johnson o Rodman. Y esa fue una gran final, quizás la mejor que haya visto, un 4-3 para los Lakers con imágenes para el recuerdo, de esas que duran toda la vida y que provocaron que el baloncesto se convirtiera para mí en lo que ha llegado a ser a día de hoy, una auténtica pasión. Quién no recuerda la exhibición de Thomas con el tobillo destrozado (25 puntos en un cuarto, creo recordar), el partidazo de Magic en el tercer envite o esos tiros libres de Kareem en el sexto encuentro a escasos segundos del final y que igualaron la serie…

 

Los años pasan y los recuerdos se amontonan en mi mente. Nada tuvo que ver las excelsas finales del año 88 con las del año siguiente, aunque fueran los mismos equipos los que competían. El espectáculo quedó deslucido por las lesiones de Magic y Scott, quedando Detroit campeón por un inapelable 4-0 en la depedida de Abdul Jabbar.  Al año siguiente nueva victoria de Detroit ante los Portland trail Blazer, donde calentaba banquillo Petrovic.

 

Los tres años siguientes fue la trilogía del Basket de las Galaxias, el reino de los Bulls de Chicago. En 1991 Jordan vs Magic, el duelo más esperado, aunque el equipo rojo fue muy superior al amarillo, 4-1.

 

Luego pasarían por el aro (perdonen el juego de palabras) Portland (1992) y los Phoenix Suns (1993) de Barkley, una muy buena final. Recuerdo como si fuera ayer que el primer partido lo ví en Madrid en casa de mi abuelo, recién comprado el muñequito de Sir Charles.

 

 

Los años 94 y 95, la época dorada de los Houston Rockets, fueron duros en cuanto a espectáculo, especialmente el primer año, con los Nicks repartiendo estopa a diestro y siniestro con esa defensa kárate (Anthony Mason, Starks, Ewing…). 1995 fue el año de mi graduación de COU. El destino quiso que la fiesta la pusieran el día en que se jugaba el primer partido. ¿Qué creen que hizo un chaval de 17 años, seguir de fiesta o irse a casa  a ver el partido?. La verdad es que no me arrepiento, fue un partidazo, dos prórrogas, con aquello tiros libres fallados por Nick Anderson, en la final Houston barrió a los Orlando Magic de Shaq O’Neal y Hardaway. En el equipo tejano destacaron Hakeem “The Dream” Olajuwon, Kenny Smith y un imberbe Sam Cassell, quien 13 años después repetiría título con los Celtics de Boston. En el 95 Clyde Drexler pudo culminar su sueño de ganar un título al fichar por los Rockets, quizás el equipo con el uniforme más feo que haya llegado a  una final.

Llegado el año 96 la vida cambió para muchos. Fue mi primer año de Universidad, las pachangas se trasladaron del colegio al Barnés y el Plus se hizo con los derechos de la NBA, con Andrés Montes a la cabeza, un personaje que seguro me da para otro artículo.

Del 96 al 98 llegó la segunda trilogía Jordaniana, tras su regreso. Seattle Supersonics (Payton, Kemp, Perkins, Scrhempf) y Utah Jazz (Malone, Stockton) por dos veces mordieron el polvo ante el objetivamente mejor jugador del mundo (aunque yo siempre he sido más de Magic). Quizás las finales del año 1998 hayan sido lo mejor de lo mejor junto a las del año 88. Tuvieron que pasar 10 años pero la espera mereció la pena. Quién me iba  a decir que habría que esperar otros diez para encontrase a un español jugando una finalísima.

Remontándonos al año 98, hay que reconocer que el duelo entre el díscolo Dennis Rodman y Karl Malone fue extraordinariamente intenso y espectacular, aunque todo quedó colapsado por EL TIRO. Sin palabras.

 

 

Acabada la era Jordan llegó el “lockout” de 1999, una temporada atípica que nos llevó de nuevo a la Gran Manzana donde “Hilo de seda” Houston y “Melodía de seducción” Sprewell no pudieron con el emergente Tim Duncan, Robinson y con el tiro esquinado de Avery Johnson. Por cierto, decir que Sean Elliott jugó después de un transplante de riñón, al igual que Alonzo Mourning siete años después.

El equipo de moda de comienzos del siglo XXI fue sin duda Los Ángeles Lakers de Phil Jackson, Shaq O’Neal y Kobe (mira que llamarle como un filete) Bryant. Tres títulos consecutivos donde pasaron por encima de los Sixers, los Nets y los Pacers…hasta que en 2004 (ya trabajando en Madrid) llegaron los Pistons de Chauncey Billups, RIP Hamilton o Rasheed Wallace, mojándoles la oreja con un 1-4 que hizo estallar el ya de por sí endeble vestuario angelino.  

El verano de 2003,2005 y 2007 coronó a los Spurs de San Antonio como los grandes dominadores de los años impares ante los Nets, los Pistons a siete partidos y ante Cleveland por un rotundo 4-0 en la que sin ningún lugar a dudas ha sido la peor Final que he visto. Porque ver a San Antonio nunca ha sido divertido pero esa final fue sosa a más no poder.

 

En el 2006 dos equipos se plantaban por primera vez en la final, los Miami Heat y los Dallas Mavericks. A pesar del 2-0 inicial, el equipo liderado por O’Neal y Wade acabó ganando la serie por 2-4. Y si no me equivoco, esta final ya no fue narrada por Andrés Montes, fue David Carnicero el que tomó la batuta, con bastante acierto, a mi entender, aunque ya no era lo mismo.

 

 

2008. Veinte años después de mi primera final NBA, se reeditaba la final de las finales, Celtics vs Lakers, con un aliciente más, si cabe, con un español en las filas del equipo más glamouroso del mundo. Con las dos grandes dinastías frente a frente, perdido Antoni Daimiel para la causa, Carnicero y Loncar nos narraron, incluida alguna anécdota por el micrófono abierto, que los Celtics, como casi siempre que se enfrentaron a los Lakers a lo largo de la historia (salvo en una ocasión, 1985), conquistaban su 17º título por un claro 4-2.

 

 

2009. Final Orlando vs Lakers. Todo puede pasar. Mi pronóstico: Lakers 4-3.Un jugador clave: Pau Gasol, quien tendrá que enfrentarse a un falso pivot como es Rashard Lewis (y viceversa, ojo). El desarrollo lógico de los partidos (Maestro Zen y sus cosas mediante)  sería empezar con Pau de sobre Lewis, y su compañero Andrew Bynum como pivot, aguantando las acometidas de “Superman” Howard. Lo más previsible es que la acumulación de faltas lleve a Bynum al banquillo, quedando Pau como center y Odom tomando el relevo de la defensa de Lewis.

Mientras, Orlando jugará en equipo ( para lo que es la NBA), basando el ataque en el tiro exterior de Torkoglu, Lewis, Alston o Lee. Si están acertados (12 triples por choque) abrirán la defensa, obligando a los pivots rivales, a defender lejos de la pintura, posibilitando que Howard se hinche coger rebotes.

 

La final está servida. Quedan 25 horas desde que este artículo esté terminado y lo terminaré como empecé, con una confesión: estoy impaciente porque empiece y, por supuesto, de volver a levantarme a las tantas para ir al día siguiente con las huellas visibles de haber disfrutado, como aquel 1988, de un gran espectáculo.

 

 


  
 

 
 
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