Conformismo inconformista
Blogs - pedroserrano
Viernes, 18 de Septiembre de 2009 18:04

Llevo algún tiempo reflexionando sobre un tema filosófico harto complejo, al menos para mis limitadas entendederas. No tenía relación directa con el deporte, pero la noticia que hemos escuchado recientemente sobre Roger Powell, nuevo alero del CB Murcia, ha hecho de conexión. Como ya sabréis, Powell es algo así como pastor, reverendo o similar. Vamos, que ejerce de transmisor de su fe. Tampoco sé a ciencia cierta cuál es su fe, pero la cuestión de base es que ha renunciado a la mayor parte de su sueldo para destinarlo a obras de caridad. Creo que el buen hombre se ha quedado con unos mil euros al mes. “Mileurista” por voluntad propia, increíble.

 

Como digo, esta sorprendente decisión (bonita pero sorprendente, por desgracia, en los tiempos de consumismo despiadado que corren), conecta con el tema que me rondaba la cabeza: ¿conformismo o inconformismo? He revisado las definiciones de ambas palabras, pero el diccionario no se posiciona. No nos da pistas sobre cuál es la actitud más saludable. Pero bueno, ¿qué esperaba? ¿Acudir al diccionario como guía espiritual? Bastante tiene la Real Academia Española con intentar que usemos el castellano correctamente. Decía que, según esas definiciones, las dos palabras (bueno, no las palabras, sino las actitudes que codifican) tienen un lado positivo y otro no tan positivo. Pensemos en el baloncesto: Michael Jordan, por ejemplo, era sobre la pista un tío de lo más inconformista. En el buen sentido, claro. No se conformaba, quería superarse a cada minuto y mejorar, lo cual está muy bien. Sin embargo, en el momento en el que suena la bocina final y perdemos el partido, pues tendremos que ser deportivos, valorar todo lo que hemos hecho bien y conformarnos con la derrota. Y por supuesto, recordar nuestros errores para tratar de corregirlos en el futuro (otra vez, inconformismo). Volvamos a Powell: imagino que sobre el parquet, él será también un inconformista. A pesar de ser religioso, según me comentan, no tiene reparos para soltar mamporros y defender fuerte. Reparte hostias, pero no de las sagradas. Sin embargo, fuera de la cancha, y tal y como ha demostrado con su iniciativa, el hombre se conforma con lo mínimo. Tengo que decir que admiro profundamente a las personas así, y creo que están en lo cierto. Cuantas menos cosas materiales y superficiales se tiene, más se disfruta de las esenciales, que son las que realmente necesitamos. Tal vez suene a mensaje de tele-predicador, pero lo digo como lo pienso. Y sino, que se lo pregunten a Powell.

 

¿Inconformismo? Sí, por supuesto, en el sentido de no conformarse ante la injusticia y las adversidades. Y en una pista de baloncesto, en el sentido de querer superarnos y mejorar. ¿Conformismo? Sí, por supuesto, en el sentido de valorar y disfrutar todo lo bueno que tenemos. Y en una pista de baloncesto, en el sentido de aceptar la derrota con deportividad y de disfrutar simplemente con el deporte. En definitiva, que en contra de lo que pueda parecer, conformismo e inconformismo no son antagónicos ni incompatibles. No son antónimos. Pueden darse al mismo tiempo y en una misma persona, y creo que eso es lo ideal.

 

Bufff, menudo “rollamen” trascendente me ha quedado, menos mal he sido breve. Para acabar esta entrada del blog, os remito a un tema de Jarabe de Palo. He buscado en el Youtube la canción “Mira cómo viene”, que a mi hija le encanta y que encaja a la perfección con el tema del artículo, pero por desgracia no la encuentro. Así que os pongo “Duerme conmigo”, otro tema sencillo y cargado de mensaje. Reconozco que cuando llegó el “boom” de Jarabe de Palo, con el famoso “La Flaca”, no me gustaron demasiado. Luego los ví en directo y cambié de opinión. Sus mejores canciones, como suele pasar, son las menos conocidas.

 

“Busco un lugar en esta ciudad

donde esconderme de la corriente que me lleva.

Río de lava, todo lo arrasa.

Floto en el tedio, oscuro viaje hacia el infierno.

Busco ese lugar.

Dime la verdad, poco me queda.

Querría perderme, huir para siempre, echar a volar.

Lluvia de otoño, ¡Qué tarde llega!

Haz que en la arena que me rodea crezca la hierba…”

 

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