¿Por qué nunca nos toca a nosotros?
Blogs - pedroserrano
Viernes, 09 de Enero de 2009 17:04

Aviso al lector: este nuevo texto del blog es una queja autocompasiva, un lloriqueo que bien podría llevar de fondo una música triste (una balada, un blues, una saeta, un fado… toma el estilo que más te guste). La pregunta que incita este lamento es muy simple: ¿Por qué nunca nos toca a nosotros? ¿Por qué en las 11 temporadas que Murcia ha competido en ACB (sin contar la actual), nunca nos ha salido un año redondo y hemos hecho “algo”? Por “algo” me refiero, principalmente, a meternos entre los ocho primeros de la liga y disputar competición europea. ¿Mala suerte? ¿Mal trabajo?

 

Analicemos y comparemos: el CB Murcia ha disputado hasta la fecha 415 partidos en la liga ACB y ocupa el 18º puesto en la clasificación histórica del baloncesto nacional (cuando acabe esta temporada ocupará el puesto 17º, adelantando al OAR). De los equipos que actualmente militan en la máxima competición española, Murcia es el 12º en partidos jugados, y ya estamos por encima de clubes también ilustres y que han jugado o juegan en ACB como Fuenlabrada, Granada, Bilbao, León, Cáceres, Orense o Alicante. Pues bien, de los equipos que van por delante de Murcia en ese ranking histórico de la liga, sólo uno de ellos, Huesca (que acumula 440 partidos en ACB) no ha llegado a disputar nunca una competición europea. Del resto, todos, absolutamente todos, lo han hecho. Claro, ahí se incluyen los grandes equipos que están abonados a la élite como Real Madrid, FC Barcelona, Estudiantes, Joventut, Baskonia, Málaga o Valencia. También están clubes que, siendo históricos, a día de hoy no atraviesan sus momentos de mayor gloria, como Valladolid, Sevilla, Manresa o Zaragoza. Pero, y aquí llego a la madre del cordero, también hay equipos que no han sido indiscutibles entre los puestos de cabeza de la ACB, que no son equipos de grandes ciudades y que, en definitiva, pueden ser equiparables al estatus de un club de perfil medio como el CB Murcia: Girona, Granollers, Breogán de Lugo, Gran Canaria o el mismo OAR de Ferrol. Y si miramos debajo de Murcia en ese ranking histórico, nos encontramos a varios equipos que también han llegado a tener su momento de gloria, clubes que un día dieron el pelotazo y se metieron en competición europea, y que casualmente ahora ni siquiera juegan en ACB: León, Cáceres, Andorra, Collado Villalba, Alicante, etc. Así pues, si todos los que están por delante (excepto uno) lo han conseguido, y si unos cuantos de los que están por detrás, también, repito la pregunta: ¿Por qué nunca nos toca a nosotros?

 

Ahora veamos la trayectoria particular del CB Murcia en ACB sin comparaciones con otros equipos. De 11 temporadas (no incluyo la actual, porque aún no tiene resolución), 4 acabaron en descenso, aunque uno de ellos no se consumó debido a temas extradeportivos (temporada 1992/93). El equipo ha descendido el mismo año de su reencuentro con la ACB en dos ocasiones (1998/99 y 2003/04). Por tanto, tras ascender sólo ha conseguido alargar su estancia en la élite más de una temporada en otras dos ocasiones: la primera vez que subió, en 1990, y que precedió a la etapa más larga en la ACB de manera consecutiva (7 temporadas, incluyendo el descenso no consumado), y la última vez que volvió a subir, en 2006, dentro de cuya etapa aún estamos (3 temporadas contando con la actual). Sus años más desahogados (en los que ha mirado con un ojo a la parte alta de la clasificación, y con el otro a la parte baja) se pueden contar con los dedos de una mano; en concreto con dos dedos: 1994/95 (12º de 20 equipos) y 2007/08 (12º de 18 equipos). Los años “medio-desahogados” (en los que ha mirado con medio ojo a la parte alta de la clasificación y con un ojo y medio a la parte baja) fueron otros dos: 1990/91 (17º de 24 equipos) y 1991/92 (18º de 24 equipos, a pesar de lo cual estuvo a punto de jugar competición europea). Quitando esas 4 temporadas, en el resto (ni más ni menos que 7 años) el CB Murcia ha mirado exclusivamente hacia abajo, ha jugado con fuego y a veces ha terminado quemándose: ha quedado colista de la liga en cuatro ocasiones y penúltimo una vez. En definitiva, en sus 11 temporadas en la ACB el CB Murcia ha vivido siempre en el filo de la navaja, o como mucho, en el mango de la misma. Y retomando el hilo principal de este texto, por supuesto, nunca ha dado el pelotazo y nunca se ha metido en Europa, como si han hecho otros muchos equipos. Nunca hemos mirado con los dos ojos hacia arriba. Nunca se nos ha inyectado el subidón de un año bueno, la ambición y la ilusión por hacer algo grande. Nunca.

 

Y ahora llegamos a la actualidad: en el circo del CB Murcia 2008/09 los enanos pegan el estirón, los funambulistas van borrachos y ni siquiera pueden andar sobre una línea trazada en el suelo con rotulador, los payasos tienen depresión y se hinchan a “Prozac”, los domadores se vuelven alérgicos al pelo de felino… El equipo está en puestos de descenso y continúa regalando los partidos fuera de casa, sin competir y haciendo el ridículo; el dinero no llega para pagar la totalidad de los compromisos contractuales y algunos jugadores amenazan con la huelga; las promociones y campañas para enganchar a la gente, siendo buenas y admirables, no terminan de funcionar y en las gradas seguimos los de siempre; algunos políticos prosiguen con el vaticinio de grandes catástrofes en un futuro inmediato en lugar de trabajar para evitarlas; los máximos responsables de la prensa deportiva murciana continúan su escalada de desprecio y marginación al baloncesto; y para remate, la sombra de Polaris, que es muy alargada, espera tras la puerta para recuperar el dinero del canon depositado en la ACB y pagadero cuando el CB Murcia descienda de categoría. Con este panorama, y con el “background” descrito anteriormente, hay quien quiere que el Palacio de los Deportes explote en un júbilo y una alegría desmedida, que la ciudad se vuelque con un equipo que para algunos medios no existe, que para algunos políticos es un estorbo y que para algunos empresarios es un agujero negro (ya que no hay pelotazo urbanístico a la vista). Hay quien quiere que un equipo que nunca ha hecho nada que no sea sufrir, descender, volver a subir y volver a bajar, haga explotar su pabellón con 7500 hinchas alocados. Pues sintiéndolo mucho, eso no va a pasar.

 

Desde que Polaris decidió recoger el kiosco e irse, se ha incidido repetidamente en el tema de la asistencia de público al Palacio. A mí, como aficionado fiel del CB Murcia y apasionado del baloncesto, me molesta no ver las gradas llenas, pero casi me molesta más que por ello se cuestione al CB Murcia mismo, o que se menosprecie a los que sí apoyamos al club desde siempre sin analizar otros pormenores como los que trato aquí. Y el colmo de mi indignación llega cuando los que hacen eso, los que menosprecian a la afición que va al Palacio y los que cuestionan la existencia del primer equipo de baloncesto de la región (y el 17º de España) en razón de su número de aficionados, son precisamente los que no hacen mucho por darle un empujón al baloncesto. Me refiero a los políticos y a los periodistas deportivos citados más arriba, que machaconamente buscan en los papeles las cifras de asistencia para esgrimirlas como un motivo y levantar el hacha sobre el cuello de nuestro club. Como veis, he incluido súbitamente el tema del público en este texto en el que hablaba de la trayectoria del CB Murcia comparada a la de otros equipos “menos históricos” y también “más históricos” que el nuestro, y que en algún momento han brindado una alegría a su gente. Todo el mundo quiere divertirse, y si la gente no encuentra suficiente diversión en el juego mismo del baloncesto, si no se conforma con ver al equipo de su tierra tropezando una y otra vez en la misma piedra, luchando por evitar el descenso o tratando de volver a ascender, siendo apaleado lejos de Murcia, lo más normal es que en las gradas sólo estemos los de siempre, los chiflados por el CB Murcia. Sólo estamos los que hemos estado siempre junto al equipo, juegue en la liga que juegue. Como digo, la gente quiere algo nuevo, diferente, motivador… Durante un par de años, ese “algo nuevo” fue el estreno de nuestro maravilloso Palacio en 1994, que casualmente coincidió con dos buenas temporadas en lo deportivo (buenas, que no excelentes, porque no llegó el “pelotazo” de entrar en competición europea). La afición creció pero no se consolidó, porque poco después llegó el primer descenso consumado a la segunda competición del baloncesto nacional, y con él la travesía en el desierto y el famoso “saneamiento” que promulgaba el concejal. Si otros lo han hecho, ¿por qué nunca nos toca a nosotros? Somos un caso exepcional en el baloncesto de este país, yo lo veo así, pero hay que mantener la esperanza. Siempre he oído aquello de que el momento más oscuro es el inmediatamente anterior al amanecer. Ojalá.

 

Para finalizar esta muy extensa entrada del blog, añado (espero que funcione) un clip de los siempre grandes y nunca suficientemente admirados El Último de la Fila. Ocupan la cabeza de mi lista personal de debilidades musicales, tanto ellos como sus aventuras precedentes (Los Rápidos y Los Burros). También la ocupa la carrera en solitario de Manolo García, el poeta, pintor y pensador. El insurrecto cuya música me chifla, y cuyas ideas sobre el desbarajuste del mundo actual suscribo párrafo por párrafo. Aquí os dejo “Aviones plateados” en la versión de un concierto en Sevilla, en 1995.

“Y tú siempre dices que soy un alma del averno.

Tendré que darte la razón, quizá sea cierto.

Siempre suelo querer lo que no tengo,

y ahora que ya no estás aquí, me voy consumiendo”.

 

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar