Kilómetros de baloncesto (y III) PDF  Array Imprimir Array  E-mail
Blogs - pedroserrano
Escrito por Pedro Serrano   
Jueves, 04 de Septiembre de 2008 22:54

             Después de mucho tiempo sin escribir en el blog, retomo y termino la serie de artículos en los que he recordado y contado mis viajes junto al CB Murcia. En especial dos, Valladolid (1994) y Sevilla (1995). Hoy hablaré de los viajes “domésticos”, de aquellos que por su cercanía he repetido en diversas ocasiones. Me refiero a los desplazamientos a Alicante, a Valencia y a Granada sin olvidarme de Madrid. Madrid es de esos lugares que están en el límite: no está tan lejos como para no poder ir y venir en el mismo día, pero tampoco está tan cerca como para que el ir y venir no repercuta en tu estado físico los días posteriores (uno ya se va haciendo mayor).

 

De los viajes a Madrid recuerdo bien el del penúltimo ascenso a la ACB, contra el Universidad Complutense en Pozuelo de Alarcón: la concejalía de Deportes costeó el desplazamiento de dos autobuses cargados de aficionados: Cascales, quién te ha visto y quién te ve. Eran otros tiempos. Al llegar a Pozuelo nos llamó la atención lo esmeradamente cuidado que estaba el entorno del pequeño pabellón del Complutense: ni un mal papel en el suelo, ni una colilla. Todos los parterres e isletas con un césped verde radiante, como recién cortado. Las paradas de autobús brillantes. Los pasos de peatones blancos como los dientes de una modelo. Las calles con árboles redondos y pequeños, como redondas y pequeñas eran también las rotondas que había en cada cruce. Sergio Cano, un amigo miembro de la Zona Pimentonera que seguro que conocéis, estuvo atento al hecho para gastar la primera broma: “esto parece la ciudad de los clicks de playmóbil, pijo”. Ciertamente esa zona de Pozuelo nos pareció muy suiza, y nos quedó claro que allí no vivían los pobres precisamente. El partido fue más fácil de lo previsto y al fin se consumó un nuevo ascenso, el tercero. Tuvimos ocasión de saludar a Felipe Reyes, que estaba viendo el encuentro en la grada, además de poder charlar con algunos jugadores del Murcia a la salida del pabellón: Xavi, Galilea, Nover… Fue una gran alegría. Los otros viajes que he hecho a Madrid para ver a nuestro equipo contra Real Madrid y Estudiantes no han tenido mucha historia. Mejor no hablar de ellos.

 

A las tres ciudades vecinas (Alicante, Granada y Valencia) he ido varias veces, y la verdad es que los recuerdos de esos desplazamientos se mezclan en mi memoria. Alicante es el lugar más cómodo: es un corto paseo y un sitio agradable para ver baloncesto, no sólo por su cercanía sino también por la calidad de la gente y lo bueno que es el trato. Por todos es conocida la simpatía que nos despertamos mutuamente los aficionados al baloncesto de una y otra ciudad. Es un buen ejemplo de deportividad y educación y una historia de la que la prensa deportiva local nunca se ha hecho eco (quizá porque no saben venderla). El mejor viaje a Alicante quizá fuera aquel en el que ganamos por los pelos hace varios años con un enorme Antonio Reynolds: el bueno de Antoñico fue una auténtica pesadilla para su par, Lou Roe, a quien por cierto también le puso un taponazo brutal. No puedo hablar de aquel partido que vencimos con una canasta de Myers pues no estuve, lo siento. El viaje a Alicante es cómodo, aunque no podemos decir lo mismo del Centro de Tecnificación: es un edificio del que, al margen de discusiones estéticas que no tendrían mucho interés, hay que hablar muy mal por lo incómodo y lo poco práctico que resulta. Eso por no mencionar el escandaloso gasto que debió suponer el material, con rampas de hormigón que suben y bajan, zigzaguean y se pierden en la lejanía, con absurdos rincones muertos y con pilares que se plantan en mitad de las gradas como molestos convidados de piedra. En fin, perdón por este kit kat arquitectónico.

 

La Fuente de San Luís, en Valencia, no tiene el mismo entorno que el pabellón de Pozuelo, precisamente. De hecho, y que me perdonen los amigos chés, la instalación del Pamesa está en un lugar bastante feico, en la llamada avenida Hermanos Maristas, aunque al menos no resulta nada complicado llegar cuando se viaja desde Murcia. Por dentro no hay tampoco mejora: si vas en verano te cueces y te horneas como una pobre galleta, y si vas en invierno puedes hacer vaho, y sólo te faltan los enormes trozos de ternera colgados del techo para creer que estás en el almacén frigorífico de un Mercadona. Y luego está el “speaker” que ya es la repera: dios, qué hombre más pesado. Gritos y gritos a un volumen ensordecedor. Como notas positivas tengo que decir que el viaje se hace muy bien, que la gente allí es muy amable y que Valencia tiene lugares muy bonicos de visitar después de los partidos, sobre todo el casco antiguo. De los viajes a la tierra de las naranjas recuerdo con especial cariño el de la temporada 1994/95, una vez más: exhibición de Anderson y victoria, la única que hemos cosechado allí. Aquel año el Pamesa acabó descendiendo. Una pena, porque no tenían mal equipo.

 

Por último Granada, “tierra soñada por mí”, como dice la canción. El viaje es agradable aunque un poco más largo que a Valencia (unas dos horas y media), y el pabellón, después del nuestro, es el más cómodo en el que he visto baloncesto. Pero lo mejor de esos partidos es, sinceramente, visitar Granada. Siempre es un placer, es la ciudad en la que más veces he estado fuera de Murcia y me encanta. Y los partidos… pues los que yo he visto, mal. En cuanto a la gente, bueno, me gustaría decir que los granadinos quieren tanto a los murcianos como los murcianos a su ciudad, pero parece que no es así. Habrá de todo, por supuesto, igual que aquí, aunque al menos el año pasado ya nos ganamos bastante su afecto al derrotar a Valladolid y allanarles el camino de la permanencia.

 

Hoy por hoy no tengo tanto tiempo libre para viajar como cuando era un tierno zagal. Las responsabilidades se acumulan y se me hace más difícil embarcarme. Además, ¿para qué negarlo? a veces me puede la pereza, cuando sé que juguemos donde juguemos, si está más allá de los límites de nuestra tierra, la derrota es inevitable. No digo que hasta ahora sólo haya viajado para ver ganar al CB Murcia, pero el hecho de que se pueda ganar le añade interés, y ese interés en los últimos tiempos se ha perdido. Darte una paliza de coche o de autobús en tu tiempo libre después de estar toda la semana pencando en el curro, renunciar a otras cosas y ver cómo el equipo se arrastra por la pista y hace el ridículo, no es nada edificante. Me gustaría que Manolo Hussein leyera esto y se vaciara al máximo en el intento de meterles a los jugadores esta idea: fuera de casa, aunque sea difícil, se puede ganar. Pero ojo, aún así recomiendo los viajes y yo mismo quiero volver a viajar otra vez. Me gusta hacer al menos un viaje al año para no perder la costumbre, y para hablar de baloncesto, y para estar con la gente, y sobre todo para echar unas risas. A fin de cuentas se trata de eso ¿no?

Última actualización el Martes, 30 de Diciembre de 2008 14:31
 

Comentarios  

 
0 #1 fghj 20-04-2017 03:06
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